sábado, 24 de junio de 2017

¡Hipotético Planeta 9 no existe!

Planeta Nueve, Noveno Planeta o Phattie, es el nombre provisional dado a un hipotético planeta helado de gran tamaño que podría existir en el sistema solar exterior, principalmente a partir del estudio publicado el 20 de enero de 2016 en el Astronomical Journal por los astrónomos del Instituto Tecnológico de California (Caltech) Michael E. Brown y Konstantin Batygin. La existencia de este planeta puede inferirse por el comportamiento de un grupo de objetos transneptunianos. Según informes de prensa de enero de 2016, el astrónomo Michael Brown situaría las probabilidades de la existencia del Planeta Nueve en un 90%. Podría tratarse del quinto gigante gaseoso que habría sido expulsado del Sistema Solar interior según postula el modelo de Niza. La existencia del Planeta Nueve explicaría las órbitas peculiares de dos grupos de objetos del cinturón de Kuiper.
El primer argumento con fuerza a favor de la existencia del Planeta Nueve fue publicado en 2014 por los astrónomos Scott Sheppard, del Instituto Carnegie de Ciencias, y Chad Trujillo, del Observatorio Gemini de Hawái, que sugirieron que las órbitas similares de ciertos objetos tales como los sednoides podrían estar influenciados por un planeta masivo desconocido en el borde del Sistema Solar.22 Sus hallazgos sugieren que una supertierra de unas 2 a 15 M, más allá de las 200 UA, con una órbita altamente inclinada de 1500 UA podría conducir a los objetos extremos del cinturón de Kuiper (KBO) en órbitas de similar tipo. 
El 2016, Batygin fue cauto en la interpretación de los resultados, diciendo: «Hasta que el Planeta Nueve sea captado por la cámara no cuenta como real. Todo lo que tenemos ahora es un eco». Brown situó las probabilidades para la existencia del Planeta Nueve en alrededor del 90 %. Greg Laughlin, uno de los pocos investigadores que sabían de antemano acerca de este artículo, da una estimación del 68,3 %. Otros científicos escépticos exigen más datos en cuanto a KBO adicionales para ser analizados o evidencia final a través de la confirmación fotográfica. Brown, aunque concede el punto de los escépticos, todavía piensa que hay datos suficientes para montar una búsqueda seria de un nuevo planeta, y asegura a todos que no va a ser una búsqueda inútil. Brown está apoyado por Jim Green, director de la División para Ciencias Planetarias de la NASA, quien dijo que «la evidencia es más clara ahora de lo que nunca ha sido antes». Tom Levenson concluyó que, por ahora, el Planeta Nueve parece ser la única explicación satisfactoria para todo lo que ahora se conoce acerca de las regiones exteriores del sistema solar. La NASA dijo que nunca existió, ese mismo año. 
Este año, un nuevo estudio ha confirmado que no existe el Planeta 9, el enorme mundo hipotético que se cree está al acecho en el confín de nuestro sistema solar. Desde que el planeta fue propuesto por primera vez, varios estudios han intentado encontrar pruebas de su existencia mucho más allá de Neptuno, basados en varias firmas que dejaría. Ahora, los nuevos resultados de una encuesta de cuatro años han identificado ocho objetos trans-neptunianos de órbita grande (TNOs), que podrían ayudar a localizar un planeta en la vecindad basado en un fenómeno conocido como 'agrupamiento'. 
Un gigantesco mundo como el hipotético Planeta 9 influiría fuertemente en los objetos que lo rodean, creando condiciones tales como las órbitas estiradas que se inclinan de una manera particular sobre la base de su influencia gravitacional, explica el astrofísico Ethan Siegel en un artículo para el blog de Forbes 'Starts with a Bang'. Una condición en particular, en la que las órbitas de los objetos se agrupan en el espacio como resultado del planeta masivo, es crítica en la hipótesis del Planeta 9. Mientras que los estudios de seguimiento, incluyendo la investigación del equipo que primero propuso su existencia, han identificado varios objetos que muestran signos de agrupamiento, el nuevo estudio no encontró evidencia del fenómeno.

lunes, 19 de junio de 2017

FEDOR: El verdadero Terminator ruso

FEDOR, es capaz de conducir un coche, dar golpes con los puños, disparar armas de fuego con ambas manos siempre con una precisión envidiable, además de que puede manipular diversas herramientas, llaves y hasta cambiar bombillas. Las pruebas y la programación para nuevas tareas continuarán en los próximos meses, donde se espera tener nuevos detalles y actualizaciones acerca las tareas que podrá realizar FEDOR. 
El robot FEDOR es un desarrollo que surge de los laboratorios de Android Technics y del Advanced Research Fund, donde ahora mismo el objetivo es mandarlo al espacio a una misión individual en 2021. Sin embargo, algunas voces del gobierno no descartan que pueda servir para tareas militares, aunque el viceprimer ministro lo niegue. Según el viceprimer ministro, el que FEDOR esté aprendiendo a disparar con ambas manos es parte de sus tareas de entrenamiento, ya que con esto se mejoran las habilidades motoras finas que servirán para otras tareas de precisión. El robot además de contar con sistemas de inteligencia artificial para actuar de forma autónoma, también es capaz de servir como "avatar" e imitar los movimientos y acciones de otra persona, quien lo estaría operando de forma remota desde otros sitios. 
Fedor fue concebido para viajar al espacio junto con un equipo de cosmonautas rusos, con el fin de proporcionar auxilio y apoyo en diversas situaciones y tareas que pueden ir desde cargar distintos objetos muy pesados, operar distintos vehículos y herramientas, hasta operar armas de fuego —creo que los rusos suponen que hay que estar preparados para cualquier cosa—. Fedor comenzará a prestar sus servicios en la Estación Espacial Internacional a partir del 2021 y dejó muy en claro que no se trata de un “Terminator” sino de una Inteligencia artificial enfocada al auxilio y rescate de la humanidad. 

sábado, 10 de junio de 2017

Stratolaunch (The Roc): el avión más grande de la historia

Stratolaunch, el avión más grande del mundo, salió de su hangar a principios de este mes, donde ha sido construido en Mojave, California (EE.UU.). Por primera vez, la aeronave abandonaba las paredes y los andamios que han visto crecer su magnífica envergadura para comenzar las pruebas de combustible, entre otras. Compuesto por dos cabinas unidas por un ala de 117 metros, y con una longitud de 86 metros desde su doble morro delantero al extremo de las secciones de cola, lleva a bordo los motores de seis 747 y pesa unas 227 toneladas sin carga. Está destinado a lanzar satélites en pleno vuelo a distintas órbitas bajas de la Tierra y puede que un día también lleve seres humanos. Su primer ensayo espacial se realizará en 2019.
El proyecto Stratolaunch nació en 2011 de la mano del millonario Paul Allen con el objetivo de lanzar una versión del Falcon 5 de SpaceX capaz de situar 6,1 toneladas en órbita baja, algo nunca visto en un sistema de lanzamiento aéreo. SpaceX se retiró rápidamente del proyecto y su lugar lo ocupó Orbital Sciences, que deseaba usar Roc como plataforma para el cohete Pegasus 2, posteriormente denominado Thunderbolt. Orbital también se retiró en 2014 y durante un tiempo el futuro de la empresa estuvo en un limbo, aunque se propuso la idea de usar el avión Stratolaunch para lanzar una versión de pequeño tamaño —un 75%— de la nave alada Dream Chaser. Por fin, en junio del año pasado Stratolaunch unió fuerzas otra vez con Orbital, ahora Orbital ATK, para lanzar pequeños cohetes Pegasus XL. La decisión fue una auténtica sorpresa teniendo en cuenta que emplear semejante avión para lanzar un cohete tan pequeño es cuanto menos un poco desproporcionado. Eso sí, para no desaprovechar la capacidad de carga se lanzarán tres cohetes Pegasus en una sola misión (cada uno con una masa de 25 toneladas).
La empresa fabricante de este avión colosal pertenece al multimillonario y cofundador del gigante informático Microsoft, Paul Allen, dispuesto también a hacer carrera en el espacio. La compañía compró dos Boeing 747 usados a United Airlines y los reensambló en una sola unidad capaz de despegar con una carga de 590 toneladas. El Stratolaunch, apodado «Ruc», en honor al ave de la mitología persa tan grande que puede levantar un elefante con sus garras, tiene una intención eminentemente comercial. El objetivo es que el avión pueda colocar en órbita constelaciones de satélites diseñadas para proporcionar servicios globales de internet, imágenes, datos del clima y otros datos necesarios para los gobiernos y fuerzas armadas.
Al igual que un 747, el Stratolaunch está diseñado para ser operado por una tripulación de tres personas: piloto, copiloto y el ingeniero de vuelo, con un asiento plegable en la cabina disponible para una cuarta persona. El despegue requiere de una larga pista. La compañía cree que su avión puede ahorrar costes a la hora de poner cargas en el espacio, ya que es más baratos que los cohetes reutilizables en prueba. Una vez cumplida la misión, el avión volvería a la Tierra en perfecto estado para realizar un nuevo trabajo sin un gran mantenimiento. El Stratolaunch podría realizar a futuro labores de turismo espacial a baja altura, orbitando nuestro planeta. 
El avión es más grande que el legendario hidroavión Spruce Goose, el diseño de Howard Hughes que voló una sola vez en 1947, y que el Antonov An-225, un carguero de la era soviética originalmente construido para transportar el transbordador espacial Buran. Pero el Stratolaunh es más ligero, gracias a sus materiales más modernos. 
Stratolaunch usará la pista del Mojave Air and Space Port de California o la antigua pista del transbordador del Centro Espacial Kennedy como base de operaciones. Más adelante espera poder emplear otras pistas situadas alrededor del mundo si la demanda de lanzamientos es lo suficientemente alta. 

domingo, 4 de junio de 2017

Energía solar fotovoltaica: ¡Energía eterna!

La energía solar fotovoltaica, es una fuente de energía que produce electricidad de origen renovable, obtenida directamente a partir de la radiación solar mediante un dispositivo semiconductor denominado célula fotovoltaica, o bien mediante una deposición de metales sobre un sustrato denominada célula solar de película fina. Este tipo de energía se usa principalmente para producir electricidad a gran escala a través de redes de distribución, aunque también permite alimentar innumerables aplicaciones y aparatos autónomos, abastecer refugios de montaña o viviendas aisladas de la red eléctrica. Debido a la creciente demanda de energías renovables, la fabricación de células solares e instalaciones fotovoltaicas ha avanzado considerablemente en los últimos años.  Comenzaron a producirse en masa a partir del año 2000, cuando medioambientalistas alemanes y la organización Eurosolar obtuvo financiación para la creación de diez millones de tejados solares. 
La energía fotovoltaica no emite ningún tipo de polución durante su funcionamiento, contribuyendo a evitar la emisión de gases de efecto invernadero. Su principal desventaja consiste en que su producción depende de la radiación solar, por lo que si la célula no se encuentra alineada perpendicularmente al Sol se pierde entre un 10-25 % de la energía incidente. Debido a ello, en las plantas de conexión a red se ha popularizado el uso de seguidores solares para maximizar la producción de energía. La producción se ve afectada asimismo por las condiciones meteorológicas adversas, como la falta de sol, nubes o la suciedad que se deposita sobre los paneles. Esto implica que para garantizar el suministro eléctrico es necesario complementar esta energía con otras fuentes de energía gestionables como las centrales basadas en la quema de combustibles fósiles, la energía hidroeléctrica o la energía nuclear. Gracias a los avances tecnológicos, la sofisticación y la economía de escala, el coste de la energía solar fotovoltaica se ha reducido de forma constante desde que se fabricaron las primeras células solares comerciales, aumentando a su vez la eficiencia, y logrando que su coste medio de generación eléctrica sea ya competitivo con las fuentes de energía convencionales en un creciente número de regiones geográficas, alcanzando la paridad de red. Actualmente el coste de la electricidad producida en instalaciones solares se sitúa entre 0,05-0,10 $/kWh en Europa, China, India, Sudáfrica y Estados Unidos. En 2015, se alcanzaron nuevos récords en proyectos de Emiratos Árabes Unidos (0,0584 $/kWh), Perú (0,048 $/kWh) y México (0,048 $/kWh). En mayo de 2016, una subasta solar en Dubái alcanzó un precio de 0,03 $/kWh. 
Aunque la fotovoltaica todavía no se utiliza de forma generalizada para proporcionar tracción en el transporte, se está utilizando cada vez en mayor medida para proporcionar energía auxiliar en barcos y automóviles. Algunos vehículos están equipados con aire acondicionado alimentado mediante paneles fotovoltaicos para limitar la temperatura interior en los días calurosos, mientras que otros prototipos híbridos los utilizan para recargar sus baterías sin necesidad de conectarse a la red eléctrica. Se ha demostrado sobradamente la posibilidad práctica de diseñar y fabricar vehículos propulsados mediante energía solar, así como barcos y aviones, siendo considerado el transporte rodado el más viable para la fotovoltaica. 
El Solar Impulse es un proyecto dedicado al desarrollo de un avión propulsado únicamente mediante energía solar fotovoltaica. El prototipo puede volar durante el día propulsado por las células solares que cubren sus alas, a la vez que carga las baterías que le permiten mantenerse en el aire durante la noche. La energía solar también se utiliza de forma habitual en faros, boyas y balizas de navegación marítima, vehículos de recreo, sistemas de carga para los acumuladores eléctricos de los barcos, y sistemas de protección catódica. La recarga de vehículos eléctricos está cobrando cada vez mayor importancia.