viernes, 10 de febrero de 2017

Cambios climáticos causaron la diversificación de los caballos

Hace unos 18 millones de años, las especies de caballos se multiplicaron. La subfamilia Equinae comenzó una rápida diversificación que culminó en la aparición de unas 140 especies, la mayor parte de ellas hoy extintas. Solo quedan siete especies salvajes: tres de cebras, el kiang de la meseta tibetana, el asno salvaje asiático, el asno salvaje africano y el caballo de Przewalski, originario de las estepas de Mongolia.
Durante décadas, la comunidad científica ha pensado que aquella explosión estaba vinculada a la expansión de un nuevo tipo de hábitat: las praderas. La teoría clásica sugería que los caballos que por entonces pululaban por Norteamérica desarrollaron dientes más altos, para aguantar el desgaste de comer hierba. También se habrían hecho cada vez más grandes, para defenderse de los depredadores en los nuevos espacios abiertos y para optimizar la digestión del alimento, poco nutritivo, según explica el paleontólogo español Juan López Cantalapiedra, del Museo de Historia Natural de Berlín.
Una investigación encabezada por Cantalapiedra tumba ahora esta teoría clásica. Tras analizar los rasgos de 138 especies —las siete supervivientes salvajes y 131 extintas— sus datos sugieren que los cambios en el tamaño y la dentición de los caballos fueron más lentos de lo que se pensaba, así que no tuvieron un papel esencial en la gran diversificación de especies. No hubo una serie de rápidas adaptaciones morfológicas como respuesta a la aparición de las praderas. Lo que ocurrió, según el paleontólogo y sus colegas, es que factores del entorno, como los cambios climáticos, generaron ecosistemas fragmentados y con suficiente alimento como para mantener a multitud de poblaciones aisladas y diferentes genéticamente, aunque parecidas físicamente. 
Norteamérica era la fábrica de caballos. Cuando surgía un diseño ganador, pasaba a Eurasia a través del estrecho de Bering y de allí a África, según explica Cantalapiedra, cuyo trabajo se publicó en la revista Science. Los linajes americanos llegaron a Eurasia en dos dispersiones facilitadas por cambios climáticos, hace 11 y 4,5 millones de años. Tras haber sido la fábrica de caballos del planeta, los equinos se extinguieron en América, pero sobrevivieron en África y en Europa. Desde allí regresaron a casa en 1493, en el segundo viaje de Cristóbal Colón. 
Los científicos analizaron 140 especies, la gran mayoría extintas, para sintetizar décadas de estudios del registro fósil de los caballos en todo el planeta. Los resultados demuestran que el tamaño y la dentición no evolucionaron tan rápido, de hecho, las radiaciones dieron lugar a especies muy similares en ecología y forma. Para los investigadores, los factores externos del entorno, más que la evolución de esos rasgos morfológicos, influyeron en la rápida acumulación de especies. “Los cambios ambientales habrían provocado la fragmentación de los ecosistemas a escala global, lo que dio lugar a poblaciones aisladas de caballos, diferentes genéticamente, pero con morfologías similares”, apunta Manuel Hernández Fernández, investigador de la Universidad Complutense de Madrid en el Instituto de Geociencias.

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