miércoles, 16 de septiembre de 2015

Alarmante desaparición de especies marinas

Los océanos del mundo se están quedando sin peces. Y, por lo tanto, corre riesgo una importante fuente de alimentación de la población mundial, incluyendo América Latina. En las últimas cuatro décadas, las poblaciones de vertebrados marinos se redujeron en un 49%. Y en el mismo lapso de tiempo, entre 1970 y 2012, los escómbridos -la familia de peces que incluye al atún, la caballa y el bonito- sufrieron un colapso aún más drástico: sus poblaciones se redujeron en un 74%. Esta es la conclusión de un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) y la Sociedad Zoológica de Londres publicado este miércoles, que advierte que las especies que están desapareciendo son críticas para la seguridad alimentaria de la población. Muchas de estas especies -como el atún azul, también llamado atún rojo, o el bonito del norte- que se pueden encontrar en latas o en el menú de restaurantes, son cada vez más escasas. El estudio analizó un total 5.829 poblaciones de 1.234 especies marinas.
Las razones de esta pronunciada desaparición son variadas. Aunque la pesca excesiva es un fenómeno global, es más acentuada en el Pacífico ya que las flotas de pesqueros de China, Japón y Corea están entre las más grandes del mundo y tienen una mayor capacidad de pesca. Otras causas son la contaminación -la presencia de miles de millones de diminutos trozos de plástico que acaban en el sistema digestivo de peces y otros animales marinos-, la pérdida de hábitats clave como los manglares costeros, donde desovan muchas especies de peces, y el cambio climático, que está provocando la acidificación de los océanos por la absorción de dióxido de carbono de la atmósfera. En América Latina, Roberto Troya, director de WWF para la región, destacó el efecto negativo sobre tres especies de peces en particular. Hay una presión sin precedentes sobre los mares en Latinoamérica. Extrayendo de ellos más atunes, jureles y sardinas de lo que es sostenible, afectando complejos ecosistemas y paisajes marinos como manglares y corales, y contaminándolos con las aguas servidas. Otras especies afectadas a nivel global son los pepinos de mar, considerados una delicatessen en Asia. Esta especie ha sufrido una reducción del 98% en las Galápagos, Ecuador, y un 94% en el Mar Rojo, en Egipto. El informe también examina la reducción de los hábitats como los pastizales marinos, los manglares y los arrecifes de coral. Estos últimos, dice, podrían desaparecer para 2050 a causa del cambio climático. De ser así, el impacto sería tremendamente negativo ya que más del 25% de especies marinas vive en arrecifes de coral y cerca de 850 millones de personas se benefician directamente de sus servicios económicos, sociales y culturales. Aunque el panorama luce sombrío, WWF enfatiza que hay vías para remediar esta situación. 
La sobrepesca se puede evitar con mejores gobiernos. Siendo un ejemplo en este sentido la recuperación de las poblaciones de bacalao del Mar del Norte. Los gobiernos también podrían adoptar las metas de desarrollo sostenible planteadas por Naciones Unidas, y la gente podría consumir solamente pescado que está certificado como producto de pesca sostenible. En cuanto a Latinoamérica, hace falta asumir la responsabilidad por acciones pasadas, ampliar la protección de zonas marinas y manejar a futuro los recursos marinos bajo un enfoque de ecosistemas. 
La sobrepesca, la contaminación, el cambio climático y la destrucción de hábitats como los arrecifes de coral están poniendo a los mares en dificultades, pero la comunidad científica teme que el riesgo no esté siendo tomado tan en serio como se toma al peligro de la pérdida de animales y plantas que viven en tierra firme. En ese sentido, las especies marinas en riesgo de extinción, excepto quizá las ballenas, son las grandes olvidadas en la concienciación social de la pérdida de biodiversidad.

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