sábado, 15 de agosto de 2015

Esclavitud en el Perú

En el Tahuantinsuyo o Imperio Incaico, es imperio se formó de las conquistas de los quechuas sobre otros reinos indígenas. Inca se traduce como Rey o Emperador, el cual tenía un harem de esposas o concubinas llamadas coyas, durante el reinado del Inca Pachacutec estas coyas eran hijas de los reyes de los otros reinos indígenas subyugados. El Tahuantinsuyo asimilo la tecnología de los reinos indígenas conquistados dominando la medicina (Nazca y Paracas) y la arquitectura (maquetas de fortalezas y ciudadelas hechas en rocas), construyendo muchos caminos con mano de obra esclava. Los esclavos indígenas estaban en el nivel inferior en la escala incaica. Eran llamados Pinas o piñakuna, prisioneros de guerra pastos, carangues, cayambes, quitos, cañaris y chachas, que fueron tribus o reinos conquistados. La situación de los «piñacunas» fue extensiva para sus parejas e hijos, quedando como propiedad del estado incaico, enviándolos a trabajar en zonas de difícil acceso, generalmente en cocales de la selva de montaña; existen evidencias de que el estado también les proporcionaba tierras para su propia subsistencia.
En el Virreinato del Perú, los primeros esclavos negros que llegaron al Perú lo hicieron en compañía de sus amos, personas muy acaudaladas que poseían "piezas de ébano" como parte de sus propiedades personales. A mediados del siglo XVI la ley tipificaba a los esclavos negros como bienes semovientes. Desde los primeros años de la conquista la población negra aumentó rápidamente, y fueron desde un inicio enviados a las plantaciones y haciendas costeras. También se pensó que podrían servir en las minas de Potosí o Huancavelica, sin embargo su manutención era sumamente costosa si se comparaba con lo económico que resultaba tener indígenas (cuyo número era muy superior en los Andes). Lima fue una de las ciudades con mayor cantidad de población negra en el virreinato del Perú. Inclusive su número llegó hasta equiparar e inclusive sobrepasar el número de españoles. 
En la República se mantuvo la esclavitud de blancos sobre los indígenas y africanos por largo tiempo. Aunque en 1854 durante el gobierno de Ramón Castilla se abolió la esclavitud, solo se cumplió parcialmente en las ciudades costeras y la sierra peruana, siendo la selva peruana el paraíso de los esclavistas y traficantes de personas, hasta hoy. Muchos indígenas y afroperuanos apoyaron la invasión de las tropas chilenas al Perú durante la Guerra del Pacifico, ya que los chilenos los liberaron de la esclavitud. Actualmente, en el Perú según reportes extraoficiales, muchos prostíbulos son controlados por el narcotráfico, el cual trae mujeres y niñas de otros países para prostituirlas en el Perú. El número de mujeres y niñas prostituidas por los carteles del narcotráfico es indeterminado, pero se calcula que supera al millón por año. Sin embargo, las ONG’s feministas Manuela Ramos y Flora Tristán no se ocupan de este tema, pese a ser denunciado por los medios de comunicación internacionales. De ahí la sospecha, que estos grupos feministas reciben donaciones de carteles internacionales del narcotráfico para que puedan seguir trabajando en el Perú con impunidad. Desde los gobiernos de Paniagua hasta Ollanta, no se ha hecho nada por detener el flagelo de la trata o tráfico de personas, que son promovidos por los carteles internacionales del narcotráfico, pues todos estos gobiernos han tenido vínculos con uno o más carteles internacionales del narcotráfico, de ahí su desidia por combatir el tráfico de personas y la prostitución promovidos por los capos narcotraficantes.   

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