lunes, 15 de diciembre de 2014

Grupos ecológicos califican de fracaso COP20

Grupos ecológicos y ambientalista califican la reunión de la COP20 en Lima-Perú como un rotundo fracaso. Más allá de los esfuerzos que la Presidencia, la Secretaría de la COP y de varios delegados en demostrar avances. Este "nuevo fracaso", es el mismo viejo fracaso que se viene arrastrando desde la propia firma de la Convención en 1992 y que ha sido vanamente disfrazado de acuerdos exitosos como el Protocolo de Kioto (1997), la Ruta de Bali (2007) o la Plataforma de Durban (2011). Todos ellos, donde las negociaciones climáticas muestran la incapacidad de nuestros líderes políticos de comprender la profunda contradicción que hay entre el afán de desarrollo, la sostenibilidad ambiental y la equidad. No hay absolutamente ningún indicio objetivo que permita anticipar que el resultado de París el próximo año será diferente. El verdadero principio que rige la Convención es de las "Irresponsabilidades Comunes e Indiferenciadas". Nadie se hace cargo de la parte que le toca y cada uno exige a las otras partes que resuelvan el problema. Cuando se firmó la Convención en el año 1992 y se adoptó el Principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas establecido en la Declaración de Río, nadie pudo predecir los cambios que en el mundo se darían 20 años después. Los países "desarrollados" (tal como se los llamó en aquel entonces) no se hicieron cargo de lo que firmaron y los países "en desarrollo" no han sabido transitar otro camino que el de repetir los errores de los "desarrollados". Hoy tenemos 200 países que quieren ser "desarrollados" sin importar el precio ambiental que ello conlleva. El común denominador de todos los fracasos es la inviabilidad de conciliar los tres objetivos principales de la Convención: reducir las emisiones, hacerlo de manera equitativa y no detener el desarrollo. No detener el desarrollo en un mundo equitativo implica que todos los pobres del planeta deben acceder a los niveles de consumo del mundo desarrollado. Esta utopía supone, entre otras cosas, que el consumo energético debe multiplicarse por cinco, con lo cual las emisiones de carbono nos llevarían muy por encima del peor de los escenarios del IPCC. Si se pretende mantener la senda del "desarrollo" necesariamente deberá ser sin equidad (como ha sido hasta ahora, por otra parte, y no hay indicios que pueda ser diferente). 
La Convención Marco de Cambio Climático (COP20) de Lima ha terminado tras una maratoniaca sesión definitiva de negociación que ha culminado con un acuerdo de mínimos en el que se estipula, por vez primera, que cada país se comprometa a desarrollar planes individuales para reducir las emisiones de gases responsables del cambio climático. La "Llamada de Lima para la Acción Climática" estipula que todos los países, tanto los desarrollados como los emergentes, emprendan acciones inmediatas para combatir el cambio climático. Sin embargo, se desconoce si el plan de acción será suficiente para alcanzar el objetivo ideal: reducir el calentamiento global al límite establecido de dos grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Hay que destacar no obstante que el acuerdo impone a las naciones desarrolladas la responsabilidad de abanderar la lucha contra el cambio climático proporcionando apoyo financiero a los países en desarrollo quienes, a su vez, deberán adoptar medidas para frenar la contaminación que genera su emergente industria. Países como India, cuyo ministro para el Medio Ambiente, Prakash Javedekar, expresó su satisfacción --"tenemos lo que queremos", declaró-- ante la responsabilidad asumida por los países más desarrollados, que supone un agradecido cambio de tendencia tras 20 años en los que las principales economías del mundo han renunciado a liderar esta lucha.

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