martes, 4 de marzo de 2014

Jehová: ¿Realidad o mito?

Jehová  o Jehovah no significa Dios, ya que es una deformación de la palabra hebrea Yeshua o Yehoshua, que al castellano significa Jesús. Se cree (no hay documentos que lo confirmen o  nieguen)  que Jehová o Jehovah fue usado por los romanos con respecto a los primeros cristianos (cristianos primitivos, según los teólogos), como una forma despectiva o desprecio hacia los cristianos. Por eso no existen papiros ni tablas de arcilla con la palabra Jehová  o Jehovah, ya que solo se considera las palabras Yahvé (para los judíos  y cristianos católicos) o Alá (para los árabes musulmanes  islámicos), las cuales significan Dios, y las cuales se encuentran en papiros antiguos y/o las primeras biblias (Corán para los islámicos, Tanaj para los judíos y las Biblia para los cristianos católicos). Algunos eruditos han sostenido recientemente que la palabra Jehováh data sólo del año 1520. Drusisus pone a Peter Galatinus como el inventor de la palabra Jehováh, y a Fagius como propagador en el mundo de los eruditos y comentadores. Pero los escritores del siglo dieciséis, católicos y protestantes están perfectamente familiarizados con la palabra. Galatinus mismo pone la forma como conocida y recibida en su tiempo. Además, Drusius la descubrió en Porchetus, un teólogo del siglo catorce. Finalmente la palabra es encontrada incluso en la Pugio fidei de Raymund Martin, una obra escrita cerca de 1270. Probablemente la introducción del nombre de Jehováh predata incluso a R. Martin. [...] No sorprende entonces que esta forma haya sido considerada como la verdadera pronunciación del Nombre Divino por eruditos como Michaelis, Sier y otros. 
Charles Taze Russell, fundador de los Testigos de Jehová en Estados Unidos en 1878, según su biografía a los catorce años se afilio a los adventistas (otra facción de los Cristianos Fundamentalistas No Católicos). A los 18 años abandona a los adventistas y por su cuenta decide investigar las verdades de la Biblia, durante el tiempo de su estudio de la Biblia Russell recibió influencias de los segundo adventistas, no para aprender nada específico, sino, según sus palabras, para "desaprender errores". Una de sus principales influencias fue George Storrs, (Autor de la revista The Bible Examiner (El Examinador de la Biblia) de quien Russell aprendió mucho sobre la teología que incluye la mortalidad del alma, que la cristiandad es parte de Babilonia la Grande, y que habría una futura resurrección universal (creencias fundamentales de los Testigos de Jehová hasta hoy día). A Jonas Wendell le concede el crédito de hacerle recuperar su interés por investigar la Biblia. Otra de sus influencias fue George Stetson y también Nelson barbour. Otras influencias fueron los cristadelfianos, el ministro Luterano Joseph A Seiss (por sus puntos de vista iniciales sobre un retorno invisible de Cristo), el autor protestante británico Henry Dunn y la Francmasonería.  De ahí que los Testigos de Jehová distorsionen la ciencia y la Biblia según su conveniencia e intereses económicos, inclusive políticos (aunque ellos lo nieguen). Según Antonio Carrera, ex Testigo de Jehová  y autor español del libro "Yo Fui Testigo de Jehová",  denuncia que con la venta de sus libros y Biblias generan varios miles de millones para su congregación (no pagan impuestos). Todas estas ventas transformadas en dinero alcanzan cifras astronómicas. Dicha venta de los mismos está dirigida por Dios, según los líderes de los Testigos de Jehová. Para eso citan en apoyo ciertos pasajes de la Biblia (como Apocalipsis 9, 16), y les hacen creer que los 200 MILLONES de caballos, allí mencionados por Dios. Carrera señala que esa literatura es dañina y subversiva, ya que distorsiona investigaciones científicas y la Biblia. Los Testigos se jactan de no pedir diezmo en sus reuniones. Cierto, pero usan otros métodos y consiguen más dinero. Calculando en donaciones recolectan varios miles de millones de dólares por año, entre 500 mil y 1 billón en un solo año. Dinero que va a parar a las arcas de los jefes en Estados Unidos, dinero que también se usa para sus campañas políticas.

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