miércoles, 22 de mayo de 2013

Nutria gigante en peligro de extinción

Nutria gigante también se le llama lobo del río y perro de agua. Otros nombres utilizados son: principalmente en Brasil, ariraí o ariranha, en Argentina lobo gargantilla o ariray, y en Uruguay lobo corbata. Entre el pueblo achuar es conocida como wankanim y hadami entre los sanumá. Habita principalmente en la selva amazónica de Sudamérica. Es una especie social, con grupos familiares que suelen tener de tres a ocho miembros. Estos grupos están basados en una pareja reproductora dominante y son extremadamente unidos y cooperativos. A pesar de ser una especie por lo general pacífica es territorial y se ha observado agresión entre los diferentes grupos. La nutria gigante tiene hábitos diurnos y se le ve activa durante todo el día. Es la especie de nutria más ruidosa y se han documentado vocalizaciones que indican alarma, agresividad y tranquilidad. La nutria gigante muestra una variedad de adaptaciones adecuadas para un estilo de vida anfibio, las cuales comprenden un pelaje excepcionalmente denso, una cola fuerte en forma de ala y pliegues interdigitales en los miembros. La especie prefiere los ríos y arroyos de agua dulce, los cuales normalmente se desbordan durante la temporada de lluvias; también pueden ubicarse en lagos y manantiales. Construyen asentamientos despejando grandes áreas de vegetación en lugares aledaños a los sitios donde pescan. La nutria gigante se alimenta principalmente de pescado, en particular characiformes (como las pirañas) y bagres; también puede comer cangrejos. No tiene depredadores naturales de importancia (la amenaza más grande sigue siendo la humana), aunque debe competir por recursos alimenticios con otras especies como el lobito de río y varias especies de caimán.
Después de la década de 1960, la caza por parte de los humanos se convirtió el principal problema para su conservación. Las estadísticas muestran que entre 1959 y 1969, solamente de la Amazonía brasilera, se capturaron por su piel entre 1000 y 3000 individuos al año. La especie fue diezmada a tal extremo, que el número de ejemplares capturados se redujo a sólo 12 capturas en 1971. La implementación de la CITES en 1973 redundó finalmente en una reducción significativa de la caza; sin embargo, la demanda de su piel no desapareció por completo: en la década de 1980, el precio de esta alcanzaba los 250 dólares en el mercado mundial. La amenaza para la nutria gigante se acentúa por la falta de precaución de la especie y su intrepidez sobre todo al momento de acercarse a los humanos; al ser activas durante todo el día y por su gran curiosidad son presa fácil para los cazadores. Esta especie en particular es muy vulnerable a la caza, debido a que alcanza la madurez sexual relativamente tarde y a sus interacciones sociales complejas. Desde la década de 1980, la destrucción y degradación de su hábitat se convirtió en el principal problema para este mamífero. Por lo general, la invasión a su hábitat inicia con la incursión de los madereros en la selva, privando de vegetación a las riberas de los ríos; posteriormente, los agricultores inician su actividad agotando los suelos y alterando el ambiente. Como resultado de la actividad humana, el rango de distribución de la especie se ha restringido a sectores aislados entre sí. Esto dificulta a los ejemplares jóvenes que recién han alcanzado la madurez encontrar nuevos territorios y crear grupos familiares. Otras amenazas son la explotación no sustentable de caoba en las áreas de distribución de la nutria, y la concentración elevada de mercurio en los peces que constituyen su dieta, un desecho de la explotación de oro. Los contaminantes del agua que afectan la especie provienen de los desechos de la minera informal e ilegal (también del narcotráfico), la extracción de combustibles fósiles (petróleo y gas natural) y la agricultura; esta última es responsable del depósito de pesticidas y otros compuestos químicos que afectan todos los eslabones de la cadena alimenticia, causando envenenamiento en depredadores como la nutria gigante. Una amenaza adicional para la nutria gigante proviene del conflicto con los pescadores, quienes a menudo la consideran como una amenaza.

lunes, 20 de mayo de 2013

RoboBee, el robot volador más pequeño del mundo

RoboBee, el robot volador más pequeño del mundo, también con apariencia de insecto, creado por investigadores de Harvard. Pesa menos de 1 gramo y es del tamaño de una moneda. En realidad, RoboBee no es formalmente un drone (de momento), ya que para volar debe estar conectado por un cable al computador que lo controla. A través de dicho cable recibe tanto la energía eléctrica para alimentar sus motores como las órdenes de vuelo que debe cumplir. En el futuro contará con un sistema integrado de comunicaciones para recibir las órdenes, además de una batería lo bastante ligera como para permitirle volar sin afectar a su aerodinámica, con la suficiente autonomía.
RoboBee es pequeño, muy pequeño. Concretamente, tiene un tamaño de unos 3 cm de ala a ala, y un peso de tan sólo 80 miligramos. A pesar de eso, incorpora la tecnología necesaria para mover sus alas (incluso de forma independiente una de la otra) hasta 120 veces por segundo, y alguna que otra característica extra, como una cámara para capturar imágenes de aquello que ve. El dispositivo puede realizar vuelo estático, desplazamientos laterales, etc. Y es que este pequeño insecto robótico está pensado para, en un futuro, poder ayudar en labores de rescate y reconocimiento (cuando no necesite estar unido mediante un cable al centro de control, claro).
RoboBee no es un juguete o un dispositivo disponible comercialmente para el gran público. Aunque pueda parecer algo sencillo por sus reducidas dimensiones, lo cierto es que su diseño ha llevado 12 años, y el resultado ha sido tan bueno que incluso fue publicado en la revista Science. De nuevo, un proyecto que ha encontrado su inspiración en el mundo animal para ayudar al ser humano en determinadas tareas.