sábado, 3 de abril de 2010

Contaminación por Mascotas

De acuerdo con un estudio realizado por Brenda y Robert Vale, de la Universidad de Victoria, la huella de carbono de un perro es dos veces la producida por un Land Cruiser de 4,6 litros que sea conducido diez mil kilómetros al año. Es muy posible que si te cruzas en la calle con un ruidoso y humeante Hummer, tripulado por una pareja y sus dos tiernos cachorros de Rottweiler, tu cerebro condicionado por las terribles cifras que relacionan el consumo de combustibles fósiles y el calentamiento global te hagan reprender mentalmente a los propietarios por la elección de su vehículo. Sin embargo, es muy posible que los dos perros sean -desde el punto de vista de la huella de carbono- más destructivos que el todoterreno. Los especialistas en ecología denominan huella de carbono a la totalidad del volumen de gases de efecto invernadero emitidos -por efecto directo o indirecto- por un individuo, organización, evento o producto. Mediante fórmulas bastante precisas, es posible saber -por ejemplo- cuántas toneladas de estos gases genera tu actividad diaria a lo largo de un año, o cuantas hectáreas de tierra hacen falta para mantenerte vivo y respirando. Los ciudadanos de cada país, de acuerdo a lo desarrollado y “ecológicamente correctas” que sean sus naciones- tienen una huella de carbono más o menos importante. Y lo mismo ocurre con las máquinas, industrias, autos o mascotas. El perro tiene una huella de carbono tan destructiva como el todoterreno. Lo sorprendente es que las mascotas, esos adorables animalitos que tenemos en casa y de los que jamás sospecharíamos que pueden tener algo que ver con el calentamiento global, tienen una huella mucho más importante de lo que puedes imaginar. De hecho, la huella ecológica de nuestros animales de compañía pueden incluso ser mayor que la del más voraz de los automóviles. El mejor amigo del hombre resulta, además, uno de los peores enemigos del planeta. La controversia ha sido planteada por los autores de un libro titulado “Hora de comerse al perro” (La hora de comer del perro). Robert y Brenda Vale han calculado que se necesitan 0,84 hectáreas de tierra para mantener alimentado un perro mediano. El motor de 4.600 cm3 de un enorme Toyota Land Cruiser, por ejemplo, suponiendo que recorre 10.000 kilómetros al año, solo necesita el equivalente a 0,41 hectáreas. Y en ese valor se incluye toda la energía necesaria para la construcción del vehículo. Obviamente, no están diciendo que el Toyota coma pasto ni nada por el estilo, simplemente Robert y Brenda han utilizado la unidad “hectáreas de tierra” para poder comparar el daño ecológico que cada uno de los contendientes genera. A lo largo del libro pueden encontrarse otros ejemplos interesantes. Un pequeño gato, de esos que hasta pasan inadvertidos, posee la misma eco-huella que un Volkswagen Golf. Pero quizás lo más chocante de todo este análisis es que muchas mascotas resultan más “caros” (en términos ecológicos) que los humanos de muchos países. Por ejemplo, en 2004 el ciudadano medio de Vietnam tenía una huella ecológica de 0,76 hectáreas. En la misma época, un etíope se mantenía vivo con sólo 0,67 hectáreas. Si pensamos que el mundo cada vez está más escaso de recursos -prácticamente monopolizado por unos pocos países ricos- se nos hace inevitable plantearnos la siguiente antipática pregunta: ¿Realmente podemos justificar que mantener animales domésticos sea más “caro” que mantener algunas personas?
La mayoría hemos aprendido a aceptar la magnitud de la crisis ecológica que enfrenta la humanidad. Estamos adoptando comportamientos ecológicos como el reciclaje. Pero aún así, renunciar a nuestras mascotas en el nombre de la ecología puede parecernos un sacrificio demasiado grande. Sin embargo, parece que si vamos a seguir manteniendo animales exclusivamente para nuestro disfrute personal, tendremos que enfrentar decisiones difíciles.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que ridiculo este post.