domingo, 24 de mayo de 2009

Demonio de Tasmania en peligro de extinción

El Demonio de Tasmania (Sarcophilus harrisii), es un marsupial carnívoro de la familia de los Dasyuridae que sólo se encuentra en la isla de Tasmania, al sur de Australia. Su tamaño es como el de un perro pequeño, pero de gran fuerza. Es el marsupial carnívoro más grande que existe. Se caracteriza por su piel cubierta de pelo negro, por su desagradable olor ligado al estrés, por su grito muy fuerte y molesto, así como por sus hábitos alimenticios y por la dificultad que presentan las hembras para aparearse. Caza todo tipo de animales, desde insectos hasta serpientes, pero se alimenta sobre todo de animales muertos, como pájaros, wonbats y ovejas. Puede romper los huesos con su dentadura y comerse un cadáver completo, incluidos el pelo y las plumas. Los demonios de Tasmania, habitualmente, buscan la comida en solitario, pero se reúnen en grupos cuando disponen de alimento en abundancia.
En Tasmania fueron considerados una amenaza para el ganado, por lo que fueron cazados hasta 1941, cuando pasaron a ser una especie protegida. En 1999, el tumor facial de los demonios (devil facial tumour disease, abreviada DFTD) es una enfermedad que ha reducido significativamente la población de los demonios de Tasmania, estimándose una reducción de entre 20% y 50%, ya que estos mueren por inanición al no poder comer. Afecta a las poblaciones de gran densidad, en donde se ha presentado hasta 100% de mortalidad en el curso de 12 a 18 meses. La enfermedad se ha concentrado sobre todo en la parte este de la isla, aunque, a principios de 2005, se detectaron tres casos en el sur. Utilizando cultivos de los tejidos cancerosos, los investigadores han identificado el cáncer como neuroendocrino, con idénticos desórdenes cromosómicos. Inicialmente se pensó que la causa de la DFTD era un virus, pero no se ha encontrado evidencia. Se piensa que las mismas células podrían ser el agente infeccioso, produciéndose la contaminación durante los contactos por peleas entre estos animales. Las poblaciones salvajes de demonios de Tasmania están siendo estudiadas para seguir la expansión de la enfermedad y para identificar cambios en su prevalencia. Esta vigilancia incluye atrapar demonios en áreas definidas para verificar la presencia de la enfermedad y determinar el número de animales afectados. Al visitarse la misma área repetidamente se puede caracterizar la expansión de la enfermedad en el tiempo. Se ha establecido que los efectos a corto plazo de la enfermedad pueden ser desastrosos. El seguimiento a largo plazo en múltiples zonas será esencial para establecer la persistencia de la enfermedad y si las poblaciones se podrán recuperar de ella. Actualmente, para evitar que la enfermedad se propagué se atrapan y sacan de su medio a los ejemplares contaminados. De esta forma, se intenta lograr que más demonios sobrevivan hasta la edad de reproducción.
Se han establecido dos poblaciones de demonios libres de la enfermedad fuera de la isla con el fin de preservar la especie. También las poblaciones en los zoológicos se preservan libres de la enfermedad. En mayo de 2005, se recomendó incluir al demonio de Tasmania en la lista de especies en peligro 'intermedio' de extinción. La reducción del número de demonios también es considerada un problema ecológico, dado que se cree que su presencia en el ecosistema de la selva de Tasmania ha impedido el establecimiento del Zorro Rojo, introducido en Tasmania ilegalmente el 2001. El zorro es una especie invasiva que produce muchos problemas en el continente australiano, y su establecimiento en Tasmania hace peligrar la recuperación de las poblaciones de demonios. Hoy, el Demonio de Tasmania es considerado una especie en peligro de extinción, debido a la enfermedad que lo aqueja como la expansión humana en sus hábitats. Por eso, el gobierno australiano va usar la imagen del Demonio de Tasmania de los Looneytoons con el fin de realizar campañas de concientización ecológica, tanto para turistas como para los propios australianos.

sábado, 16 de mayo de 2009

Cambio Climático destruiría la humanidad

El Cambio Climático es la mayor amenaza para la humanidad en el siglo XXI, según un informe de la revista médica The Lancet y científicos del University College de Londres en el que se subraya la necesidad de acciones urgentes. "Esto no es una película de catástrofes con final feliz, es algo real", manifestó el profesor Anthony Costello, director del informe, quien aseguró que "el cambio climático es una cuestión sanitaria que afecta a miles de millones de personas y no sólo un problema medioambiental que afecta a los osos polares y a los bosques". El informe es un esfuerzo conjunto de expertos en salud, antropología, geografía, climatología, ingeniería, economía, derecho y filosofía, que pretende ser un modelo para que los Gobiernos actúen de manera multidisciplinar contra el cambio climático. El impacto de lo que ya está pasando "no será algo que percibamos en un futuro lejano, sino durante nuestras vidas y, definitivamente, en las vidas de nuestros hijos y nietos", alertó Costello en la conferencia de prensa en la que se presentó el informe. Este experto en maternidad y neonatología, que reconoció su escepticismo acerca del cambio climático hasta hace un año y medio, dijo que el aumento de la temperatura de la Tierra es una realidad y que es cuestión de tiempo notar sus efectos. "No debemos pensar si Groenlandia se va a derretir, sino cuándo. Debemos pensar en cuándo se inundarán Nueva York y Londres si la temperatura de los Polos sube 5 grados centígrados de media, lo que hará subir el nivel de los océanos", manifestó Costello.
La principal novedad de este informe tiene que ver con las implicaciones sanitarias del cambio climático, desde la constatación de que con temperaturas entre 2 y 6 grados más altas serán más los afectados por enfermedades endémicas del trópico, como el dengue y la malaria, y los fallecidos por efecto directo del calor. Los autores del informe se refieren al calor como "el asesino silencioso", el mismo que causó la muerte a unas 70.000 personas en Europa en el verano de 2003 y que causa la muerte no registrada de decenas de miles de personas cada año en países del tercer mundo. El objetivo de este trabajo es llevar el debate y la presión en favor de reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera a los profesionales y responsables de la salud, desde un punto de vista humanitario, pero también desde un punto de vista económico.
Si no se pone remedio, en el caso de los países pobres estamos viendo altos índices de mortandad por culpa de un incremento de la transmisión de la malaria y otras dolencias infecciosas, o por cuestiones tan simples como diarreas por consumo de alimentos en mal estado.
Los países desarrollados la pasan mejor, porque sólo con trabajar para construir sociedades con una menor huella de carbono tendrían ciudadanos más sanos: menos obesidad y menos diabetes por efecto del ejercicio físico que implica no usar el vehículo particular, menos afecciones pulmonares por una menor contaminación, y menos estrés, al poder disfrutar de ciudades más limpias y vivibles.
El profesor del University College de Londres, Hugh Montgomery, recordó las cifras que maneja la Unión Europea (UE) en el sentido de que una reducción del 30% de las emisiones de C02 supondría para los sistemas de salud un ahorro anual de 76.000 millones de euros. La comparación entre ricos y pobres es demoledora, señala el informe que publica The Lancet: "la pérdida de años de vida saludable como consecuencia de un cambio medioambiental global será 500 veces mayor en África que en las naciones europeas, pese a que las naciones africanas contribuyen poco al calentamiento global". Las inundaciones y las sequías también tendrán un efecto devastador en la salud de las naciones más pobres, con cosechas disminuidas y consecuentemente alimentos más caros, y con situaciones sanitarias deficientes que derivarán en gastroenteritis y malnutrición. Montgomery puso un énfasis especial en la gravedad de la situación, pero aseguró que no hay exageración en las predicciones de los científicos, porque el ritmo de calentamiento de la Tierra es el más rápido del que se tiene noticia en los últimos 10.000 años. "Entre un tercio y dos tercios de las especies que hay hoy en día en el planeta están en riesgo de extinción en los próximos 30 años" si se mantiene la tendencia actual, dijo Montgomery.