miércoles, 14 de mayo de 2008

Avión hipersónico ecológico

El avión de pasajeros A2, presentado por la compañía británica Reaction Engines, tendrá capacidad para transportar 300 pasajeros y, aseguran sus diseñadores, podrá alcanzar la velocidad máxima de Mach 5 (6.500 kilómetros por hora). Esto podría reducir el tiempo de vuelo entre Europa y Australia a menos de cinco horas. La compañía británica, con base en Oxfordshire, cuenta para este proyecto con el respaldo de la Comisión Europea y de la Agencia Espacial Europea (ESA).
Reaction Engines prevé que la aeronave, que todavía está en fase de estudio, podrá estar en funcionamiento en menos de 25 años. El A2, recalcaron, estará en capacidad de mantener una velocidad sostenida de 6.114,2 kilómetros por hora, más de dos veces la velocidad del desaparecido avión supersónico Concorde. El A2 tendría 143 metros de longitud (aproximadamente dos veces el tamaño de los aviones de pasajeros más grandes de la actualidad), aunque no necesariamente una mayor envergadura. Reaction Engines calcula que el costo de un vuelo de estas características sería parecido al de un pasaje de primera clase.
Dentro del proyecto LAPCAT (Long-Term Advanced Propulsion Concepts and Technologies), la compañía ha creado el diseño un motor que aprovecha las propiedades únicas del hidrógeno líquido. Este motor es capaz de propulsar el avión a una velocidad mantenida de Mach 5. Además tiene un segundo modo de operación que le permite funcionar con eficiencia también a velocidades subsónicas así como despegar casí en silencio. Gracias a este motor de hidrógeno liquido no contaminará el aire, como lo hacen la mayoría de los aviones comerciales actuales.
El primer objeto hecho por el hombre que alcanzó velocidades hipersónicas fue el cohete "Bumper" estadounidense, que fue ensamblado en 1949 al adaptarse un cohete V-2 incautado a los alemanes. Tanto astronautas como cosmonautas han alcanzado velocidades hipersónicas al atravesar la atmósfera en su entrada o salida de órbita. Las investigaciones actuales, sin embargo, se centran en los vuelos pilotados hipersónicos dentro de la atmósfera terrestre, algo que aún no se ha logrado.
El proyecto, a pesar de encontrarse en una primera fase, ha suscitado mucho interés en blogs especializados en avances científicos. Según el director general, la siguiente fase será profundizar en el impacto medioambiental del avión. En palabras recogidas por The Guardian, dijo "Nuestro trabajo demuestra que desde el punto de vista técnico, el avión es viable. Ahora le toca decidir al mundo si realmente lo quiere o no".

jueves, 8 de mayo de 2008

Cordilleras en peligro

Los Pirineos y los Alpes son, entre trece cordilleras estudiadas, las más afectadas por la presión humana, fenómeno que dificulta la investigación científica para conocer las causas de la biodiversidad en las montañas, según un estudio del CSIC elaborado en colaboración con la universidad de Copenhague. "Los humanos, al impactar con más intensidad en las zonas bajas de las montañas, han forzado a los científicos a estudiar sólo las zonas más naturales de estos hábitats, lo que ha inducido a notables errores en muchos estudios", afirma el investigador del CSIC David Nogués-Bravo, uno de los coautores del trabajo, que se publica esta semana en la revista “Nature”. Entre las cadenas montañosas analizadas las de Papúa Nueva Guinea, cubiertas por selvas tropicales frondosas, son las que menos han sufrido la acción del hombre. "Esto permite que se sigan encontrando nuevas especies de vertebrados cada año en ese lugar" explica el investigador.
Se han propuesto varias hipótesis para explicar cómo cambia el número de especies desde las zonas más bajas hasta la cumbre, aunque no se ha llegado a un acuerdo. "Por mucho tiempo ha existido una discusión científica para listar los diversos factores biológicos que permiten explicar por qué hay más riqueza en una zonas de las montañas que en otras, pero nunca se había llegado a un consenso", afirma Nogués-Bravo, "lo que procuramos con el estudio es lograr una estandarización de los procesos", añade. "Al impactar con más intensidad en las zonas bajas de las montañas, los humanos han forzado a los científicos a estudiar sólo las zonas más naturales de estos hábitats, lo que ha inducido a error en muchos estudios" explica Nogués-Bravo.
Dos hipótesis han sido las más comunes para explicar el cambio del número de especies en las partes más bajas y altas de las montañas. "Uno de los patrones generales es un descenso del número de especies desde las zonas más bajas hacia las más altas de las montañas. El segundo de los patrones muestra un mayor número de especies en altitudes intermedias, y menos especies en las zonas más bajas y las más altas", señala Miguel Araújo, otro de los autores de la investigación. Sin embargo, la significación biológica de los dos patrones explicativos está "en duda" porque de los 460 artículos sobre este tema analizados en el estudio, sólo 12 habían sido desarrollados en gradientes altitudinales completos y en cordilleras escasamente impactadas por la acción del hombre.
Para obtener los resultados también fue necesario utilizar las bases de datos del Herbario JACA, que confecciona el Instituto Pirenaico de Ecología. Además, para analizar el impacto humano en estos lugares, han empleado el estudio internacional 'Human Footprint' ('Huella Humana'). Los científicos han tenido en cuenta para el estudio cordilleras como las Rocosas de Sierra Madre en México, los Andes (Perú, Bolivia y Ecuador), el Cáucaso, el Himalaya, Tierras Altas de Etiopía, las Montañas Mitumba en África y las Montañas de África Oriental. No obstante, los científicos han aclarado que el objetivo del estudio no era establecer un ránking de montañas por la presión humana. Entre otras conclusiones, el equipo apunta que la intensa transformación que han sufrido los hábitats de montaña por la presencia del hombre ha reducido de forma "muy significativa" el papel de éstas como 'laboratorios naturales' para conocer las causas biológicas de la distribución de la diversidad de las especies.

viernes, 2 de mayo de 2008

Desaparecen bosques sudmarinos

Los desiertos no sólo se expanden por la tierra firme, también están formándose en el fondo de los océanos a causa del calentamiento climático. Ya que este fenómeno causa la disminución de la concentración de oxígeno en grandes áreas submarinas, lo que dificulta la supervivencia de muchas especies, y la pesca.
La confirmación de este desastre medioambiental la ha realizado un equipo de científicos de la Universidad de Kiel, en Alemania, dirigidos por Lothar Stramma. Stramma y sus colegas han elaborado una serie cronológica sobre la concentración de oxígeno que hubo en los últimos 50 años en regiones tropicales de los océanos.
Fue así como han identificado las zonas de oxígeno mínimo (también llamadas hipóxicas) en grandes áreas marinas. En concreto comprobaron que en el Pacífico ecuatorial y en el Atlántico tropical, en la capa que va de los 300 a los 700 metros de profundidad, la disminución del oxígeno es de 0,09 a 0,34 micromoles (unidad de cantidad en química) por cada kilo en un año.
«Estos niveles reducidos afectan a procesos biogeoquímicos marinos y tienen importantes impactos en los ciclos de nitrógeno y carbono», señalan los investigadores en el trabajo que hoy publican en la revista 'Science'.
Señalan, asimismo, que las concentraciones de oxígeno son muy sensibles a los cambios en los flujos entre el mar y el aire, por lo que el oxígeno disuelto es un buen parámetro para entender el papel del océano en el clima. «Los grandes organismos marinos sufren tensiones muy graves o mueren en condiciones de oxígeno por debajo de los 60 a 120 micromoles por kilo, un margen que varía en función de las especies», explican los autores.
No es la primera vez que ocurre esta reducción del oxígeno oceánico, como recuerda el equipo de Stramma. En el Cretácico hubo ya este tipo de alteraciones. Incluso hubo una época, hace 251 millones de años, en la que el océano era anóxico, es decir, sin nada de oxígeno. Curiosamente, en ese mismo periodo hubo también grandes concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera y se produjeron extinciones masivas tanto en la tierra como en los mares.
La realización del estudio no ha sido fácil, debido a que los datos históricos de los que disponían eran muy escasos. Sin embargo, ahora hay en los océanos unos flotadores, los Argo, que proporcionan valiosa información sobre los perfiles de oxígeno en todos los mares del planeta. «Estas tendencias afectan a los ecosistemas y a las industrias pesqueras, que deberán cambiar su gestión para hacerla sostenible», aconsejan los expertos.